Ibiza no necesita más turistas, necesita respeto

Una reflexión urgente sobre la saturación turística, el olvido de los residentes y el riesgo de convertir la isla en un decorado sin alma

 

Trabajo codo a codo con dueños de restaurantes, chefs, camareros, empresarios, emprendedores y residentes que viven en la isla todo el año. Todos coincidimos en lo mismo: la temporada está siendo rara.

Es curioso, porque ves discotecas y beach clubs llenos, los restaurantes con lista de espera, los atardeceres repletos de copas de cristal y móviles grabando stories. Mucho lujo, muchos yates, mucho famoseo, mucho postureo… mucho de todo, y quizás ahí está el problema.

“Se habla de regular las plazas turísticas, pero ¿alguien regula la afluencia?”

Es lógico preguntarse:
si recibimos millones de visitantes al año… ¿dónde duermen? ¿dónde comen? ¿dónde aparcan? ¿quién los atiende? y la respuesta nos explota en la cara. 

No es solo una sensación. Ibiza está tensionada. Lo notamos quienes vivimos aquí. Cada verano llega más gente, y a la vez, menos profesionales pueden permitirse quedarse.

Porque sí, Ibiza es uno de los destinos más deseados del mundo, pero también uno donde escasean las viviendas dignas, donde el acceso a servicios básicos se vuelve un lujo, donde las condiciones laborales en muchos sectores rozan la precariedad.

La pregunta es: ¿quién cuida de quienes cuidan la isla?

“Es triste que los propios ibicencos tengan que marcharse porque no encuentran un sitio digno donde vivir.”

Triste que los profesores tengan que volar cada día desde Mallorca para dar clases. Que falten médicos, policías, bomberos y personal esencial porque, simplemente, no pueden permitirse quedarse.

Y mientras tanto, seguimos viendo cómo la isla se promociona a toda velocidad en ferias y eventos, como si lo que faltaran fueran turistas.

Spoiler: no faltan turistas. Falta conciencia. Falta respeto del visitante.

No estoy en contra del turismo, ni mucho menos. De hecho, trabajo con hoteles, restaurantes y guías. Tengo un blog turístico y una cuenta de Instagram donde recomiendo experiencias y rincones. Pero eso no me impide señalar lo que está mal.

“No todo vale. Hay que decirlo claro.”

No apoyo los mensajes tipo “tourists go home”, porque me parecen injustos.
Sí apoyo educar, informar, concienciar.

Porque Ibiza no es solo una postal de playa, ni una rave sin fin.
Es historia, es cultura, es gente.
Es ball pagès, flaó, sofrit pagès, son sus ferias gastronómicas, barcas de artesanos, calas pequeñas, leyendas, palabras en catalán que se están perdiendo, huertos, iglesias y mucho más.

Y eso también debería mostrarse.

¿Quién puede vivir aquí?

Este último año se ha hablado mucho de las infraviviendas, caravanas ilegales y la regulación de entrada de vehículos. Y sí: me parece bien que se ponga cota al ingreso de coches y caravanas.

“No se trata de prohibir, sino de regular para garantizar seguridad, servicios y calidad de vida.”

No solo para quienes vienen, sino para quienes estamos.

Porque no es sostenible que cada verano llegue más gente, más coches, más oferta de ocio… mientras los residentes no puedan ir a la playa sin hacer malabares para aparcar o acceder, o deban relegarse a embarcaderos y calas sin servicios para tener un rato de calma.

Y luego está el tema de los contenidos. Otro melón. Y en este tema me siento con derechos y obligaciones.

Hay decenas de cuentas en redes con cientos de miles de seguidores mostrando siempre lo mismo: lujo, fiestas, sunsets y playas. Pero casi ninguna menciona el patrimonio cultural, las tradiciones, o a la gente que hace posible que Ibiza funcione cada día, aunque no salga en las fotos. Y es incluso hasta entendible porque la mayoria no son de aqui, no pasan aquí los inviernos, no saben qué es la salsa de nadal.

“Muchos turistas vienen sin saber qué es un ball pagès, qué sabor tiene un flaó o qué significa la palabra ‘payesa’. Pero te pueden nombrar cinco discotecas o diez DJs.”

 

Ibiza no se ha vendido. Ibiza la han rendido

Y lo peor es que lo que sí era auténtico, se ha convertido en negocio.

“Lo que empezó en Benirras o Es Vedrá como un ritual espontáneo terminó siendo un circo.”

Se pone fin a la fiesta de los tambores en Benirràs, porque se descontroló. Primero con el aparcamiento, luego con la afluencia y despúes con el circo y el negocio.
Lo mismo pasó con Es Vedrà: un lugar natural, entorno místico y mágico convertido en negocio, escenario peliculero de pedidas de mano, sesiones de fotos y fiestas con altavoces, chiringuitos improvisados, DJs pinchando al atardecer y venta de mojitos y pareos.

“La cuestión no está en prohibir. Está en proteger lo que importa.”

Quizás deberíamos aprender de otros modelos. En países como Argentina o Brasil, para acceder a ciertos parques naturales hay precios diferenciados para residentes y turistas. Es justo. No se trata de excluir, sino de reconocer que quienes viven todo el año deberían poder seguir haciéndolo con dignidad.

Porque no solo trabajamos aquí. También vivimos aquí. También sentimos aquí.

Cuidar, proteger, concientizar… son varias palabras que me producen ver la Ibiza en la que nos hemos convertido.

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Soy Natalia Álvarez, autora del blog y fundadora de IbizaLovers. Aunque no nací en Ibiza, la isla me adoptó hace casi 20 años. Desde entonces no he parado de recorrerla, descubrirla y, sobre todo, contarla. Trabajo como creadora de contenido, blogger y social media manager especializada en turismo y gastronomía, dos pasiones que combino en este proyecto y en mi otro blog, IbizaGastro.es, centrado en lo mejor de la cocina ibicenca. Me gusta investigar, probar, vivir lo que luego recomiendo. Por eso aquí comparto experiencias reales, y artículos desde una perspectiva local y UGC.